La Patagonia en lo basto de su territorio posee una identidad única y dificil de no notar, como detenida en el tiempo en algunos lugares y como si se viviera aún en la épocas de antaño.

“El que vive apurado en el Patagonia pierde su tiempo”… razón más que suficiente para planear con tiempo la visita y la estadía.

Con gente amable, sacrificada y muy especial en todo sentido y con la capacidad de adaptarse y soportar un clima especial que pasa de extremo a extremo.

El gaucho de la patagonia, siempre acompañado de sus perros y a caballo, con pierneras, boina y maletas al anca, cuchillo al cinto y el mate siempre listo. Siempre de buen humor y prestos a compartir sus historias o vivencias, así es la gente de la zona, la antigua, y la que avanza a paso más lento por el tiempo.

Hombres de cordillera y campo, dedicados al ganado y la producción de hortalizas, son también la bóveda en donde se conservan aun intactas tradiciones como la de elaborar riendas o lazos de cuero, o en el caso muy particular de Futaleufú en donde hay solo una persona que usa y confecciona calzado de cuero, denominados “tamango”, él es Ismael Araneda Poletto del sector el Espolón.

El Gaucho de la Patagonia

Una mezcla de chileno y argentino posee el Gaucho de la Patagonia, y esto se debe a las cercanía por los límites fronterizos, que si bien es cierto definen las fronteras, para los gauchos no son más que temas centrales de Gobierno que no se condicen por cómo se vive en la frontera la fraternidad con los hermanos argentinos de la Patagonia.

Por eso es común ver en nuestros Gauchos y sus ropajes influencias como la del pañuelo al cuello o su particular acento o palabras como el “che” para dirigirse a alguien o cerrar una frase.